jueves, 15 de agosto de 2013

Libre.

Quisiera poder dormir con vos después de cada comida.
Poder hablarte en mitad de la noche hasta quedar dormida.
Ver tu cara relajada y oír tu respiración silenciosa cuando por la madrugada aún oscura se me agota el sueño.
Quisiera poder llamar a esta cama tuya y mía.
Si todo esto fuese nuestro me darían ganas de bailar todo el día.
Si además de tu compañía, en algo tan simple como un cacharro de cocina, pudiera sentirte día a día, las cosas que me ponen tensa como un resorte serían más simples, porque compartidas.
Que seas, sólo seas, siempre me hizo feliz.
Ahora te acompaño, eso suma euforia.
Toda mañana, despierto y creo que sueño.
¡He enloquecido!
Tanto imaginarte, te logré a mi lado.
Bendita y dulce locura.
Tu olor me tranquiliza.
¿Te animas a dejarlo en una cama que llamemos nuestra?


Tal vez, dirás. Algún día.

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