viernes, 16 de agosto de 2013

Lectura repetida. El diluvio imaginario



Por la ventana, lluvia.
Ella mira el reloj, luego el teléfono.
Ya es hora, se prepara una vez más.
Tomas sus cosas y se abriga un poco.
Baja las escaleras.
Sus pasos no se oyen por el fuerte golpe de las gotas en los charcos.
Cruza el pasaje corriendo, lo mas rápido que sus gastadas zapatillas le permiten.
Abre aquella puerta de madera que la vigila distante todas las noches.
Empapada, apresura la entrada.
Lo de siempre. Para uno. Sólo una ración.
Llueve aún más, atraviesa el portal y allí lo ve, esperando que pase el tímido diluvio de verano.
Está tan mojado que se mezcla con el exterior.
Los dos esperan bajo ese techo virtual.
No se oye nada, sólo los golpes de las gotas amplificadas por algún cacharro en el balcón que tenemos encima.
Escucho los charcos llenarse.
Ella lo observa por un momento.
El lleva en su mano una bolsa pequeña. "Otro solitario" pensó ella.
Entre emocionados, avergonzados y húmedos, se los ve en aquella esquina.
Por un momento infinitamente pequeño, no parecen dos desconocidos.
Por un momento, en aquella esquina, no hay soledad.
Aquel instante de compañía impersonal se convierte en una foto perfecta.
El mar cayendo.
Sus manos sosteniendo representaciones de algún estado emocional.
Están muy próximos.
En sus caras se ve el deseo de más lluvia.
Temor por levantar la mirada y encontrarse.
Respiraciones.
Ausencia de palabras.
Sus miradas se cruzan y automáticamente miran hacia la nada en opuesta dirección.
La soledad llama.
El diluvio llega a su fin.
Ella se va.
El la mira irse.
Ella lo sabe porque se vuelve para verlo por última vez.

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