Soñé tu mano bajo mi almohada.
Permanecí con los ojos entreabiertos, entrecerrados, para seguir viendo tus mil lunares en la enorme cama solitaria de la sede Porvenir.
Solo logré imaginarte una hora... hasta que desperté finalmente y recordé que por ahora no puedo hacer más que recordar tu piel.
Te amo pelusa umbilical.
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